LA ARGUMENTACIÒN POLÍTICA : UN EJERCICIO DE PODER
UNO.
Los
sofistas, en general; Gorgias, en particular, pueden ser vistos hoy como
maestros de la palabra argumentativa. Dicho más enfáticamente: como
practicantes de unas formas discursivas identificadas por el propósito de la
persuasión. Más que crear una escuela o una corriente de pensamiento pedagógico
en la cual fuese posible identificar maestros y discípulos, el objetivo
primordial de su trabajo parece haber sido el de lograr que los jóvenes que recibían
sus lecciones fuesen capaces de pensar siempre por si mismos. De la lectura de
sus textos me parece que podemos derivar
una serie de propuestas sobre el discurso, los sujetos y el lenguaje que
hoy, más de dos mil quinientos años después, siguen siendo pertinentes y
apropiadas.[1]
Los sofistas, vistos en la perspectiva de una teoría del discurso político
considerado como una forma particular y concreta de discurso argumentativo,
aparecen ahora como los adalides precursores de ese tipo de discurso que centra
el uso de todos sus recursos y el cumplimiento de sus objetivos en el logro de
una persuasión y no en el despliegue arrogante de una verdad que se presenta a
si misma como omnipresente y absoluta. Mejor dicho, el estudio de los trabajos
escritos por los sofistas nos pone en frente de una hipótesis según la cual la
verdad no constituye el centro de los procesos argumentativos.