El problema de la verdad y
de los criterios de verdad. Lenguaje y conocimiento filosófico.
Verdad, coherencia, certeza. La verdad como
algo del ser: aletheia; la autenticidad, la confianza y la fiabilidad. La
verdad del juicio y de la proposición: adecuación. La verdad del razonamiento:
validez y coherencia. La verdad del entendimiento: seguridad y certeza. La
verdad como lo que no hay: posibilidad del ser y del decir. La verdad como
promesa: lealtad y fidelidad. La verdad del lenguaje: semántica y pragmática.
La verdad ética: veracidad.
En
los ámbitos del conocimiento empírico y del razonamiento lógico, o en los más
complejos aún de la acción práctica, utilizamos criterios de verdad para
evaluar lo que nos ocurre –a nosotros y a las cosas, y al lenguaje con el que
hablamos de todo esto–. Un acto humano consciente, voluntario, ya sea teórico o
práctico, sólo llega a realizarse del todo cuando el sujeto que lo ejecuta es
capaz de valorarlo –darle un sentido– y evaluarlo –determinar su grado de
verdad–. El problema surge cuando intentamos especificar mediante una sola
definición qué entendemos por ‘verdad’, porque, al ser muy distintas las
acciones y los objetos considerados en ellas, muy distintos son también los
criterios de verdad que les aplicamos, y los ‘tipos de verdad’ que cabe
apreciar.
Vamos a ir observando diversas formas de decirse la
verdad. Tal vez al cabo tengan todas algo en común, o tal vez descubramos que
sólo se trata del uso indiscriminado de un mismo término para referirse a
asuntos demasiado dispares. Esto es, puede ser que estemos ante un caso de
imprecisión lingüística. Al final del tema nos tendremos que enfrentar a esta
disyuntiva, y también habremos de reflexionar sobre la relación que se establece
entre el lenguaje y las cosas, porque lo que parece obvio es que el asunto de
la verdad sólo se le plantea a un ser que emite juicios sobre las cosas que le
conciernen y tiene la facultad de recapacitar sobre tales juicios.